NR Textile Care
Un proyecto acotado, con decisiones tomadas sobre la marcha y limitaciones reales de espacio y personal.
Una lavandería satélite que trabaja para tres hoteles de la misma cadena en temporada alta. Entre diciembre y marzo, la ropa blanca entra y sale del mismo predio con horarios que se pisan: sábanas de un hotel, toallas de otro, uniformes del tercero. El problema no era la capacidad de las máquinas, sino el orden en que llegaba cada lote y la imposibilidad de reprogramar un ciclo una vez que arrancaba.
La consigna fue concreta: mantener el mismo equipamiento y ordenar la entrada de pedidos para que ningún hotel quedara sin ropa un fin de semana largo. Sin comprar una segunda línea de secado ni sumar turnos nocturnos.
Primero se midió el volumen real por hotel y por día de la semana durante dos temporadas. Eso dejó ver que los picos no coincidían: dos hoteles concentraban su demanda los jueves y el tercero los lunes. Con ese dato, se fijaron ventanas de recepción por franja horaria y un cupo máximo de kilos por lote, en lugar de aceptar todo lo que llegara.
Después se separó la ropa plana de la ropa de rizo en dos rutas internas. Las sábanas van directo a la planchadora de rodillo; las toallas pasan antes por un tambor de secado más corto. Ese cambio solo, sin tocar la maquinaria, liberó tiempo en la etapa que antes frenaba todo.
El ajuste más discutido fue rechazar pedidos fuera de ventana. Al principio generó fricción con los hoteles, pero al tercer mes los propios encargados de housekeeping empezaron a planificar sus recuentos con esa regla. El flujo dejó de depender de llamados de urgencia.
Quedó pendiente la trazabilidad por lote: hoy se anota en planilla y conviene pasarlo a un registro digital antes de la próxima temporada alta. También hay que revisar si el cupo por franja aguanta un cuarto hotel, algo que la cadena evalúa para el año siguiente.
Ver el primer proyecto de la serie o escribirnos desde contacto si manejás una operación parecida.